jueves, 23 de septiembre de 2010

Recuerdos de un cuento


A lo lejos se escuchaban sonidos capaces de recrearse en el recuerdo de nuestra primera infancia; la brisa acentuaba las palabras, y los últimos rayos del Sol jugueteaban en unos dedos diminutos que dibujaban formas imposibles en el viento... Era el atardecer de un martes, era la hora del abrazo, era el mejor momento de cualquier día... Una paciente madre leía, por quinta ocasión en aquella tarde, el cuento favorito de su hijo; y ese hijo, con los oídos de su inagotable imaginación, escuchaba atento un cuento nuevo en cada ocasión. De repente, una palabra se estrelló contra un cristal, claramente sintió cómo cada una de las letras se alejaba, deformando la palabra, para reunirse nuevamente en un santiamén, dando lugar a una palabra a la que no lograba darle significado... Seguían desfilando en el aire viejas conocidas: ladrillo, guisante, camino, chocolate, bruja, globos... Pero la palabra accidentada seguía ahí, esperando ser identificada, utilizada en su infantil lenguaje. No pudo más, a la vuelta del siguiente ‘globo amarillo’ el niño, con angustia reflejada en el rostro y con la inocencia de sus cinco años, preguntó a su madre: ‘¿qué es un reproche?’. La madre calló. El tiempo esperó, junto al niño, la respuesta... y una voz, arrastrando las palabras, contestó: ‘el reproche es un mal recuerdo disfrazado de buena memoria... y que generalmente regresa sólo para causar dolor’. El pequeño, al instante, con una gran sonrisa en los labios, preguntó: ‘¿no hay manera de que se le olvide el camino? ’...
16 de agosto de 2010
Fotografía: Juale Solís
Twitter: @LeticiadelRocio

Veintinueve

Veinticuatro años. En 24 años se forma una vida, se vive otra y se añora una tercera. Y en ese mismo tiempo, cada veintinueve de junio, una niña quiere gritar, correr y esconderse bajo el cobijo de un cielo azul; de un rosal amarillo; de un borrego llamado 'Dumbo'... Cada veintinueve de junio, esa niña recorre con sus ojos las esquinas de ese espacio otrora cálido y que ahora se ha vuelto hostil. Hay dolor; en el lugar o rostro que se pose su mirada, hay dolor, llanto, gritos... no, la niña no quiere estar un segundo más ahí... Ella abre los ojos. Sus manos, piernas, brazos; toda ella ha crecido, dejó de ser esa niña. Y, sin embargo, es la misma... "¿Algún día volveré a verlo?" se pierde esa frase en el eco del tiempo... Sí, hoy sé que sí. Y logro verlo y escucharlo cada vez que cierro los ojos y abro el corazón; ahí está: mi amigo, maestro, guía, compañero, cómplice... el capitán del barco que diariamente zarpaba de las playas de la sala en continua búsqueda de una Moby-Dick diminuta pero poderosa... Hoy, como hace veinticuatro años, esa niña, mi niña, suspira, llora, extraña... pero hoy, ya de noche, es diferente: no hay truenos ni relámpagos en el cielo, tampoco visto ese vestido blanco ni me he quedado a dormir en casa de mi mejor amiga, tomada de su mano, sin ser capaz de llorar ni lograr conciliar el sueño... Y mañana tampoco tocará un mariachi a la orilla de tu tumba... Hoy, veinticuatro años después, agradezco a Dios tu determinante presencia y significativa enseñanza... Hoy, veinticuatro años después, bendigo el honor de haber sido tu hermana...
30 de junio de 2010
Twitter: @LeticiadelRocio

¡Es un honor ser mexicana!

Frente a mis ojos, tengo un país con muchas dudas y profundos cuestionamientos; un pueblo que se acostumbra al miedo y lo viste como segunda piel... Unos ojos que buscan una y otra vez unas letras que dibujen en su rostro una sonrisa, una imagen que motive, una presencia que aliente... En las calles de mi México caminan de la mano la desesperanza, el hartazgo, la desigualdad y la soledad; hombro a hombro se desplazan la ignorancia y el desaliento, la preocupación creciente... y un miedo que se disfraza con muchas caras. En avenidas y parques, oficinas y cafés, iglesias y tiendas de la esquina, se respira intolerancia, impaciencia e indiferencia... Sin embargo, dentro de este paisaje a primera vista desolador, hay sonrisas inocentes que estallan cuando una burbuja de jabón choca y explota en el vidrio de cualquier carro; hay señoras que diariamente preparan una comida de amor para sus críos; hay padres que toman una llamada -en medio de una importante reunión- para escuchar que Juanito acaba de dar su primer paso. Hay una secretaria que genera cambios de los que seguramente en pocas ocasiones es consciente con su sonrisa y esfuerzo constante. Hay ciudadanos honestos, fuertes ante las adversidades y pilares no sólo de sus hogares, sino de comunidades enteras... En cada rincón de nuestro México, hay niños, jóvenes, hombres y mujeres que contribuyen a que se inunde de luz nuestra existencia. Más allá de ideologías políticas, guerras sin razón o con sentido, balas que jamás debieron haberse disparado y discursos que poco o nada resuelven por sí solos, en México, mi país, hay personas que aman, viven y nutren su tierra, su patria; personas que día a día libran batallas constantes contra sus miedos y limitaciones... y salen victoriosos de ellas. México es grande, hermoso, complejo, y sobre todo, diferente a cualquier otro país... es en la diferencia que encuentra su mayor fortaleza: porque los mexicanos somos la exclusiva mezcla de genialidad sin fronteras, de vigor histórico, valentía innata, inteligencia ancestral, solidaridad sin distingo... Es sólo cuestión, creo yo, de recordarlo a cada paso; y con cada paso, seguir escribiendo nuestra historia.
30 de junio de 2010
Twitter: @LeticiadelRocio

El cortejo

El café sabe a pausa, a ese segundo detenido que vibra entre la sonrisa y la carcajada. El mar me sabe a limón: grande jugoso, envolvente. El tiempo... el tiempo me sabe a chocolate, suave, deslizante, escurridizo y, para mí, inevitable. Mis manos... hace mucho no las saborea el papel ni ellas se deleitan con los trazos frenéticos de la escritura. Son amantes que se extrañan con intensidad cuando orgullosamente se abandonan, pero logran reconciliarse en el primer beso, ese pálido esbozo de la primera letra... hoy fue la 'e'; tal vez más tarde el regocijo lo brinde una coqueta consonante.. Y mientras ese momento llega, ¿a dónde se van los pensamientos que no se materializan en esa mágica fusión de tinta y papel? ¿Dónde quedan tantas letras huérfanas, ideas inconclusas y confesiones no confesadas? ¿En qué lugar podré redescubrir los sonidos de palabras que huyeron de mi intención de expresarlas? Me gustaría creer que todo cabe y se mantiene en mi memoria, pero seguramente, en forma intermitente, mi memoria puede ser infiel... Quizá, en un esfuerzo por sobreponerme a mi humana circunstancia, debiera otorgarle y otorgarme un voto de confianza, sentarme en lo alto de mi silencio y recordar... y así rescatar a esos hijos sin nombre que me llaman con desespero.
Leticia del Rocío Hernández Gómez
26 de mayo de 2010
Twitter: @LeticiadelRocio

martes, 6 de abril de 2010

Compartiendo mi soledad

Hay soledades que nos alcanzan. Hay soledades que nos detienen. Otras más, invaden nuestros espacios... y hay soledades que esperan, que buscan, que encuentran. Llegan, o llegas a ese espacio y momento donde siempre han estado. Se anuncian, o te sorprendes anunciando tu llegada. Sonríes, y te devuelven la sonrisa, ahora como lágrima, ahora como susurro del viento. Soledades amigas, soledades hermanas... soledades que cobijan sin reprochar, que alientan sin cuestionar... soledades que regalan ese impulso que necesitas para seguir caminando, con la cabeza muy en alto, en esos momentos en que sientes que el mundo se derrumba a tus pies... soledades que nunca vienen solas, llegan del Cosmos, de lo que para mí es divino y eterno. Y hoy, como nunca antes, me cuestiono... y esas soledades me han dado la respuesta...

sábado, 20 de febrero de 2010

Yo, mujer

Y comencé una nueva historia. Un día abrí los ojos y me encontré, finalmente, conmigo misma. Y me di cuenta que hoy realmente soy, y de la grandeza de permitirme ser… sigo siendo ese proyecto inacabado, con bordes excedentes y aristas sin o con sentido, pero soy; y soy mucho más cada minuto…

Y me di cuenta que me amaba, así, sin más requisitos que ser yo misma. Sí, me amo: amo cada centímetro de mi piel y de mi existencia; cada suspiro, cada idea y cada sentimiento; amo mis ojos y lo que en ellos se guarda; amo mis cabellos y aquello que cubren.

Es que, sencillamente, me siento tan bien en mi piel… Me veo los lunares y no sólo les sonrío, los saludo y pregunto cómo han estado; veo mis incipientes arrugas y me maravillo con sus formas y su discreta manera en que gritan tanto de mi existencia. Me veo a mí con dudas, inquitudes, sueños, sonrisas, desvelos… y me quiero así, y me dan ganas de abrazarme, de felicitarme, de ponerme una estrellita en la frente, de ayudarme a sacudir las dudas y la pereza física y mental sin reprenderme pero sí con energía… Y lo hago.

Y cuando de reojo atizbo el pasado, sonrío; y acaricio lo que fueran mis penas con la tolerancia y la comprensión que he logrado acumular o arrebatar de mis vidas pasadas… quiero y respeto a la Rocío que paralizó su presencia a causa del temor y las dudas; quiero y respeto a la Leticia que decidió hacer de su vida un carnaval, usando y desechando disfraces diarios; quiero y respeto a la Leticia del Rocío que en algún momento, decidió separar en forma aparentemente irreconciliable sus pensamientos de sus emociones, que decidió pelearse consigo misma; quiero y respeto todo lo que fui: a la mujer que se sumergió en el túnel del pasado para lucir un disfraz de niña; a la niña que comenzó por caminar a pasos agigantados para sufrir a destiempo, para amar a destiempo, para llorar y recordar antes de tiempo…

Pero, sobre todo, quiero, amo, respeto y estoy dispuesta a proteger y cuidar a toda costa a la mujer que hoy soy, a mí, a todas esas mujeres que soy cada día, aquella que fui para ser hoy.

martes, 16 de febrero de 2010

Diálogos conmigo misma…

Quiero volar… quisiera que mis palabras me llevaran a los destinos que conozco o que imagino, que mis momentos fueran sólo momentos, trascendentes todos, efímeros en sus colores e intensos en sus sabores. Quisiera, quise como quiero ahora, que mi voz entone notas musicales que sirvan de amable compañía a quienes quieran escaparse de esa soledad forzada que tan bien conozco…

¿Qué cosas nunca te dije? Tantas.

¿Y tendría caso escribirlas ahora? Lo dudo.

¿Es bueno visitar el pasado? Quizá sólo si de regreso, una viene con una sincera sonrisa. Entonces, ¿vale la pena pensar, pensar en ti, en él, en esto, lo otro, aquello…? Sólo si mis letras transmiten alegrías.

¿Lo estoy logrando? Con mucho esfuerzo; entonces, ¡habrá que cambiar de tema! O quizá de pensamiento…

¿Qué pretendo al escribir? Vivir.

¿Sólo vivo si escribo? Entonces, desahogarme.

¿Por qué tan indecisa? No, sólo hago precisiones.

¿Es real el desahogo? Al menos, muy auténtico; por lo tanto, es real para mí.

¿Tú buscas las palabras? Llegan sin previo aviso.

¿Qué tanto de ellas corriges? Menos de lo que mi timidez quisiera.

¿Eres tímida? Sólo cuando soy consciente de ello… tal vez, es una conducta aprendida.

¿Qué esperas del mundo? Sonrisas.

¿Qué estás dispuesta de dar de ti al mundo? Sonrisas.

Entonces, ¿cuál es la ganancia? La vida.

Donde hay llanto, ¿no hay vida? Es otra manifestación.

¿Crees en Dios? Para mí, Es.

¿Existe? Es y Se manifiesta.

¿Eres católica? Aprendí a serlo.

¿Cambiarías de religión? Así visto, no tengo religión alguna.

¿Cómo eres? Soy un ente en reconstrucción.

Y eso, ¿cómo se define? Sigo sin tenerlo claro.

¿Te inquieta? Sí, porque me emociona, me veo y me siento como una mariposa saliendo de un cascarón, lista para emerger de un oceáno para alcanzar un vuelo muy alto.

¿Eres feliz? Como nunca lo había sentido.

¿Lloras? Cada que tengo oportunidad y ganas de hacerlo.

Entonces, ¿eres feliz a pesar del llanto? Mi llanto son gotas de agua, compuestas por un hidrógeno, dos oxígenos y tres átomos de alegría…