sábado, 9 de julio de 2011
No hay título para la tristeza...
lunes, 20 de junio de 2011
¿Éxito... o mera acumulación?
El diccionario de la Real Academia Española ha definido la palabra éxito como la ‘buena aceptación que tiene alguien o algo’. Hoy por hoy, esta palabra derivada del latín alcanza prácticamente todos los espacios de desarrollo individual: eres una persona de éxito si, además de contar con una vivienda y vehículo propios, se cuentan con los medios económicos suficientes para viajar al menos una vez al año, para mantener de manera ‘decorosa’ a una familia... porque, desde luego, una persona de éxito tiene una familia: esposa o esposo, además de tener descendencia. Ni hablar del desarrollo profesional: entre más alto sea el cargo que se ocupe dentro de una organización, mayor será el éxito...
Personalmente, coincido con la idea de que en algún punto del camino perdimos la perspectiva de esta palabra, o quizá, le dimos un uso demasiado extenso... o muy limitado, según el punto de vista desde el cual se parta para el análisis de la palabra en cuestión. Porque, de otra manera, podríamos caer en el error de considerar que la mayoría de la población en nuestro país no es exitosa: un alto porcentaje no posee vivienda o vehículo propios; el salario que la mayoría percibe es apenas suficiente para cubrir necesidades mínimas, las cuales desde luego no contemplan viaje alguno; y ese mismo porcentaje forma parte de lo que se denomina economía informal. Este equívoco excluye a padres y madres de familia que, dentro de sus restricciones económicas, prodigan besos, abrazos, cuentos y caricias sin límite alguno a sus hijas e hijos en cualquier hora del día, cualquier día del año; de igual manera, excluiría a quienes, sin mayor crédito que su confianza, han logrado compartir su esencia y trascender en una obra de arte magnífica, la cual puede ser un pastel de cumpleaños decorado con amor y esmero, o una excelsa pintura que se exhibe en un modesto pero alegre andador de una plaza. Y la lista sigue de manera interminable...
Por otro lado, esa materialización de la palabra éxito, en buena medida nos ha generado graves problemas como sociedad: se busca tener más, poseer más, a costa de lo que sea. Y así, como país, tenemos la nada honrosa mención de que un narcotraficante mexicano es considerado por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos como el narcotraficante más poderoso de todos los tiempos. ¿Debemos considerarlo como una persona exitosa? ¿Cuál es el mensaje que se envía a nuestras niñas y niños?
Es urgente que atendamos al buen uso de las palabras que utilizamos para definir tanto personas como situaciones: una persona que tiene un puesto importante dentro de una organización es, sencillamente, una persona con un puesto importante; una conducta delictiva es denigrante, no poderosa... “si (como afirma el griego en el Cratilo) el nombre es el arquetipo de la cosa en todas las letras de la palabra ‘rosa’ está la rosa y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'...” diría Jorge Luis Borges (El Golem).
jueves, 9 de junio de 2011
Mesa para cuatro, por favor
Mesa para cuatro, por favor. La intrigada mirada del mesero dice más que su silencio: ‘¿y el resto de los comensales?’, se preguntará, sin duda...
Me siento a la mesa asignada y enseguida ordeno la bebida y la comida. Se rompe el silencio y escucho un amable cuestionamiento: ‘¿no espera a las demás personas?’. Un par de ojos me observan, desorbitados, cuando contesto: ‘¡Pero si ya están aquí conmigo!’.
Un segundo después, soy yo quien abro los ojos, no tan desorbitados, más bien soñolientos. Es un sueño donde camino aparentemente sola; sin embargo, al sentarme a la mesa de un hermoso restaurante, me doy cuenta que esa soledad es tan solo una ilusión: mi familia está sentada a la mesa, junto a mí. El resto de las personas, desde luego, no les ven. Y es que su compañía va conmigo, en ese lugar indefinido entre mi sangre, mis recuerdos, mis experiencias y mis sentimientos.
Así es como, creo yo, andamos por la vida: con nuestros quereres a cuesta, caminando paso a paso a nuestro lado. Si ponemos atención, se escucharán los cantos que arrullaron nuestros primeros sueños; los primeros consejos para dar los primeros pasos... si detenemos el barullo que diariamente insiste en gobernar nuestros pensamientos, quizá seamos capaces de sentir aquella primera caricia, aquél abrazo que consoló nuestra primera pérdida.
A mí me gusta recordar y sentir su brillo. Porque mi madre brilla. Siempre ha brillado, además de ser brillante. No sé las demás personas, pero yo sí veo cómo su cara se ilumina cuando sonríe, cuando escucha mis andanzas del día, cuando tiene entre sus manos el libro de la semana y lo bebe línea a línea al pie de una lámpara que a su lado se ve opaca. Brilla en la mañana, y brilla más por la noche. Y me gusta creer que yo también brillo cuando me envuelve su mirada...
No es el día de las madres. Tampoco el día de la familia. Y el día del padre es tan impreciso en mi calendario como el reconocimiento colectivo que se hace a los grandes hombres que sí existen, como mi padre, como el padre de tantos hombres y mujeres que conozco. No, para mí, hoy es un día más especial que todas las fechas del calendario. Es un día para decir que amo a mi familia; es un día para recordar que cada persona con la que trato viene gratamente acompañada por su propia familia, y por eso, tal vez, debo ser todavía más respetuosa en mi trato.
Respeto. Ojalá respetemos más nuestro pasado, nuestro origen... a esas personas que no sólo hicieron espacio en su vida para que tuviéramos cabida, sino que, con el corazón en la mano, nos cedieron su espacio para construir nuestra existencia.
lunes, 6 de junio de 2011
Invitaciones del pasado, siempre presentes
El 2 de junio tuve la oportunidad de asistir a la presentación del libro “Sol de Libertad. Hermila Galindo: feminista, constitucionalista y primera censora legislativa en México” de la escritora duranguense Rosa María Valles Ruiz.
Hacer un esfuerzo por resumir en este espacio el contenido de esta obra resultaría no sólo imposible, sino casi un insulto al trabajo realizado por la Dra. Valles Ruiz. Sin embargo, como mujer interesada en el quehacer de mis congéneres, no pude evitar la tentación de aprovechar la oportunidad de citar parte del legado de Hermila Galindo, palabras que a casi cien años de haber sido escritas, tienen una indiscutible vigencia:
“...Los pensamientos, vengan de donde vengan, deben ser discutidos: la razón debe penetrar en ellos, analizándolos para ver lo que tienen de verdad, o demostrar que son falsas urdimbres de mentiras y de engaños...
...las ideas, cualesquiera que ellas sean deben de cruzar bajo las horcas caudinas de un razonamiento frío, sólo de este modo puede llegar a poseerse la verdad, así sea en la dosis relativa a que pueda aspirar la humanidad imperfecta...” (Mujer Moderna núm. 54, 26 de noviembre de 1916).
Para mí, resulta irrefutable que nadie posee la verdad absoluta, y, sin embargo, también es innegable que hoy en día, desde diversas trincheras, escuchamos y leemos diversidad de argumentos que se ofrecen como una única e inobjetable verdad. Y así, escuchamos en pláticas de sobremesa la repetición continua de esas mismas palabras, con el mismo peso de cierto o verdadero.
Como sociedad, adolecemos de un pensamiento crítico, que analice y desmenuce las palabras que acuden a nuestros oídos o a nuestros ojos; y esta actitud, personalmente, la considero no sólo irresponsable, sino peligrosa: nuestra vida es conducida por pensamientos y consecuentes decisiones que nos resultan ajenas, y atendemos así a intereses que no son los nuestros. Se trate de una elección para elegir mandatarios o representantes en las curules, o de obras en las vías de comunicación, o en las reformas a una legislación existente o creación de una nueva: es nuestra obligación participar, con información y pensamiento crítico, exponer nuestro punto de vista; objetar si es necesario, promover si es conveniente.
La verdad fluye (o debería fluir) libremente en nuestro pensamiento, y nuestra realidad es la que le da ese matiz que la distingue entre las distintas verdades, aún cuando sea la misma verdad para todas y para todos... Cada persona, desde su experiencia de vida y circunstancias personales, observará y vivirá esa misma verdad de manera diferente: es la diversidad la que construye la posibilidad de generar mejores condiciones para el colectivo, no sólo para un individuo.
Desde un rincón de la historia, una gran mujer nos invita a reflexionar, a actuar con conciencia... Yo acepto con gusto esa atenta invitación.
martes, 31 de mayo de 2011
Buscando espacios
Gorda. Afeminado. Chaparra. Machorra... Son un ejemplo de las muchas connotaciones peyorativas con las que suele distinguirse a las personas que tienen características, físicas o no, que les distingue significativamente del resto.
Aunque al final del día esas características de ninguna manera son determinantes de sus valores, capacidades y habilidades, en el transcurso de la vida son estigmas que señalan -en forma negativa, su paso por esta vida.
Lo importante, creo yo, no es realizar una campaña donde se intente generar una conciencia de respeto a lo diferente, a quien es diferente a mí: lo importante es que seamos conscientes que todas y todos, sin importar raza, condición física o social, somos una obra única, irrepetible, absolutamente diferentes. Y cada quien, obedeciendo a nuestras circunstancias de vida personales, poseemos habilidades que nos distinguen aún más del resto. Es tan difícil apreciar y entender esto? Parece ser que sí.
Principalmente en los medios masivos de comunicación se ve con singular fuerza una promoción de estilos estereotipados, tanto en hombres como mujeres; y esos estilos son los que con insistencia se busca 'copiar' en las calles, en las aulas... Y lo diferente? Por qué no darle cabida a lo diferente? Por qué no generar espacios donde se respete toda esa diferencia que le da riqueza a nuestra vida? Espacios en la calle, en nuestra casa, en las escuelas; espacios donde se dé cabida a la libre expresión, sin temores al prejuicio... Espacios donde nos permitamos esa alegría de la primera infancia, donde un abrazo era tan sólo un abrazo...
Junto a mí se encuentra una mujer de edad indefinida, su mirada derrocha amor, de ese amor que transmite la gente de corazón noble... Quisiera toda una vida para poder escuchar la sabiduría de su silencio, ese silencio que habla a través de su sonrisa... A esta mujer quisiera yo verla en la portada de revistas mexicanas, y en los anuncios donde el gobierno federal insiste y se empeña en promover el turismo en México...
Quizá por ahí debiéramos empezar también: por pedirle a nuestro gobierno que respete y promueva nuestras singularidades.
sábado, 28 de mayo de 2011
Huellas pintadas en el silencio
Una boca amordazada por la impunidad, sueños infantiles enajenados en un abrir y cerrar de ojos por la complicidad de una red que se entreteje en la oscuridad de millonarios intereses... manos diminutas arrebatadas del cuidado y calor de una familia, vidas destruidas por miradas obscenas y fines repugnantes. Sonrisas inocentes forzadas a usar un color carmesí, pies diminutos obligados a calzar sandalias impropias de la edad de quien las usa, cuerpos apremiados a utilizar indumentarias que muestren formas que aún no tienen...
El cuerpo... Lo único que importa a las personas que trafican y explotan laboral y sexualmente a millones de niñas y niños alrededor del mundo, es el cuerpo. Pero el ser humano es un ser integral: el cuerpo, los pensamientos, sentimientos y vivencias de nuestras niñas y niños deben permanecer impolutos, deben ser respetados y cuidados como el mayor tesoro... sin descalabros ni desalientos.
La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) señala que ‘la trata y el tráfico de personas son delitos que han incrementado en forma alarmante en los últimos años, debido a las difíciles condiciones de vida en los países menos desarrollados, al endurecimiento de las políticas migratorias en los países industrializados...’
En nuestro país, hoy por hoy, las condiciones de vida se han recrudecido en los últimos años para la mayoría de la población. Más allá de lo justificable o no de la cuestionada lucha contra el narcotráfico, es irrefutable que la niñez no sólo es víctima de los sucesos violentos que en muchos casos la deja en orfandad, sino que además, la deja en una situación de vulnerabilidad extrema...condición que es aprovechada no sólo por los narcotraficantes, sino también (y me atrevo a suponer que son los primeros en la lista) de los tratantes de personas. Esta repudiable consecuencia, ¿ha sido considerada por quienes tienen a su cargo la política interior de nuestro país? Permítanme dudarlo.
En la calle, a altas horas de la noche, vemos niñas y niños que son víctimas de explotación laboral y sexual en los cruceros de todas las calles de cualquier ciudad; la infancia huérfana trabaja jornadas extenuantes en lugares y oficios inimaginables...y la infancia que es arrebatada de un hogar, también. Y, ¿qué hacemos, como sociedad, para impedir que esta denigrante situación avance?
Nuestra infancia está expuesta a un peligro constante, palpable y cruelmente existente. Y es nuestra obligación hablar, denunciar lo que evitamos al desviar nuestra mirada...
¿Qué se vive en la soledad de gritos que calla el silencio, en la soledad de llantos que el silencio descobija? ¿Qué se vive en la soledad de días que se alejan sin saber cuánto se prolongan y que arrancan lágrimas a la desesperanza? Ni siquiera soy capaz de imaginarlo, pero segura estoy que esas vivencias son huellas imborrables que laceran la dignidad humana.
lunes, 16 de mayo de 2011
Aprendiendo a observar...
Momentos. La vida entera está construida con momentos. Instantes donde todo cambia, evoluciona, se transforma… Hay quien dice que para bien o para mal. A mí me gusta creer que todo cambia para bien. Personalmente creo que lo más importante de esos momentos, es la forma en que se incorporan esas experiencias a nuestra vida.
En esta semana he presenciado muchos momentos, experiencias ajenas que bien pudieron ser propias o al menos bastante cercanas. Situaciones donde los sentimientos afloran y se dispersan, expresándose en una sonrisa, un abrazo, un desánimo absoluto o ira incontenible…
En más de tres ocasiones vi y escuché cómo se desbordó la desesperación de tres automovilistas de ambos géneros, al descender de sus vehículos aún en marcha y con claras intenciones de agredir a quien se había atravesado en su camino. Uno de ellos, al ver que su acto había tenido la única consecuencia de generar un verdadero caos vehicular en el crucero donde se encontraba, comenzó a patear la puerta de su vehículo. Yo estaba esperando la luz verde del semáforo para poder cruzar la calle, y tuve que esperar dos cambios más para poder hacerlo: los carros ni dejaban de avanzar mientras observaban al conductor fuera de sí, pero tampoco tenían el cuidado suficiente para permitir el cruce de personas. Dudo que el desesperado conductor haya tenido la intención de retrasar nuestro camino y segura estoy que su acción tampoco tuvo mayor repercusión en la mujer que inicialmente fue causante de su enojo.
También presencié la mirada de una mujer de edad avanzada, que esbozaba una gran sonrisa al ver que las palomas se acercaban a comer de las migas que minutos antes ella dejara sobre el césped… una mirada llena de amor, de dicha plena; una mirada donde no cabía nada más que los alados seres que la rodeaban. Y pude deleitarme con la sorpresa y alegría que las cuerdas de una guitarra le provocaron a una niña de tres años, quien abría los ojos cada vez más conforme avanzaban las notas, perdiéndose en sus oídos…ahí encontré otra mirada, la misma: una donde se confunden la alegría y la esperanza, la súbita presencia de lo inesperado, todos los amores del pasado y cada uno de los amores del futuro…
Quizá en un esfuerzo por entender la sociedad con la que convivo y así entenderme a mí misma, he decidido abrazar cada uno de esos momentos, hacerlos propios aunque sean ajenos, comprender que el enojo no hace sino entorpecer el camino, y que el amor es capaz de multiplicarse y diversificarse hasta donde lo permita la imaginación. Pero, sobre todo, quiero tener siempre presente que cada persona no es una persona nada más: es un cúmulo de circunstancias personales, familiares y sociales que han condicionado su situación actual; en cada persona se concentran momentos y sentimientos que le revisten de una singularidad muy especial. Una versión única e irrepetible; y con todos y cada uno de sus defectos, una versión respetable…una versión que debemos aprender a respetar.
