lunes, 25 de julio de 2011

Liberar la mente es posible: ¡di no al prejuicio!

Irreverente. Y mucho. Así ha sido mi cabello: desdeña los dictados de la moda, sin importar las suaves tendencias de la temporada primavera-verano, o los inquietantes dictados de la temporada otoño-invierno. En una y otra temporada, mi cabello reta a toda campaña publicitaria que invita a decir no al ya famoso frizz...

Y así como existen campañas publicitarias no sólo para alisar un cabello naturalmente rizado, sino también para reducir al máximo las dimensiones corporales, o para encajonar un estilo de vida en un carro o un zapato, he pensado que deberíamos esforzarnos por realizar una campaña personal para tener una cabeza libre de prejuicios... Porque, me pregunto: ¿qué importa que el ‘frizz’ esté ausente, si el diario actuar es gobernado por juicios anticipados, por estereotipos que impiden una sana comunicación e interrelación?

En más de una ocasión he sido testigo de una cruel actividad: el juicio de las personas por su apariencia. Cuando la conducta, vestimenta o forma de expresarse de otra persona es distinta a lo que creemos que debe ser, nos esforzamos por reforzar un estereotipo, dándole cabida, de forma casi inmediata, al prejuicio.

No es una tarea sencilla, desde luego: es una labor que corresponde por igual a formadores y formadoras, tanto en los hogares como en las escuelas. Sin embargo, para quienes estamos en edad adulta, considero que es una obligación analizar, responsablemente y con objetividad, la información que recibimos de los diversos medios de comunicación, en un ejercicio necesario para identificar esa intención (válida o no) de orientar nuestro pensamiento hacia lo que es correcto.

Es urgente, desde mi punto de vista, que volteemos a ver a nuestro alrededor para reconocer personas: no marcas, no modelos ni tendencias, simplemente personas. Personas con defectos y virtudes, con capacidades mayores o menores que las nuestras, con pensamientos e ideologías similares o quizá muy distintas a lo que defendemos o creemos, pero a final de cuentas, personas.

Y así, desde esa óptica, quizá seamos capaces de retomar una relación saludable con el mundo que nos rodea, sin tomarnos la molestia de etiquetarles. Si cuidáramos la forma en que nos relacionamos tanto como cuidamos el aspecto que lucimos, estoy segura que muy pronto lograremos una sana convivencia...no sé si libre del frizz, pero sí de los prejuicios. 

jueves, 14 de julio de 2011

Unos minutos de infancia

Inhala una vez más, y al hacerlo, a su mente acude el dulce olor de las flores que hace más de un mes se secaron sobre su escritorio, pero que aún decoran ese rincón de su recuerdo. Globos. En el retrovisor puede ver con toda claridad globos de distintos tamaños y colores. Con una mano que se extiende más allá de su cuerpo y de ese espacio físico que habita, toma uno, el más brillante, tal vez el más lejano...
El reloj le indica que, de no acelerar la marcha, llegará tarde tres o cuatro minutos. Pero una nube le obliga a suspender su mirada en el horizonte: ¿es un árbol? No, quizá la forma que dibuja es la de una manzana. Y se le antoja que ahí en el cielo esa manzana sabe como las manzanas de Canatlán.
Las seis en punto. Y le faltan aún dos cuadras por recorrer. Las gotas de lluvia que comienzan a recorrer el parabrisas le regalan diminutas sonrisas, llenas de hidrógeno y oxígeno, y de evocaciones de otras gotas en otros parabrisas, aquellas que le acompañaban a los siete años y podía escuchar con nitidez la plática alegre entre ellas, mientras presurosas se alejaban, para seguir su ruta rumbo al asfalto...
Una mano le saluda entre la gente, ahí, al pie de la banqueta. Al descender del vehículo se percata con sorpresa que ha llegado a tiempo: el reloj del carro, como todos los que le acompañan, está adelantado. Bendice al tiempo, ése concepto tan abstracto que le ha permitido ir y regresar de su niñez, una vez más...

sábado, 9 de julio de 2011

No hay título para la tristeza...

Como dice la canción de Alberto Plaza: hay días en que resulta más fácil sonreír, pero hoy no es uno de esos días…
Los recuerdos de mi niñez están decorados y alimentados por lecturas como “El vagabundo de las estrellas”, y música, mucha música… “No soy de aquí, ni soy de allá” se volvió, a muy temprana edad, un himno aunque personal, compartido con mi compañero de juegos…para después ser un decreto silente. Con los años, las palabras de Facundo Cabral serían para mí un referente en muchas reflexiones personales.
Sé que en la escuela de la vida nada permanece: la impermanencia es lo único que permanece. Sin embargo, cuando los ciclos de vida son interrumpidos de manera violenta, me parece que esa regla se altera… aún cuando esté consciente que las situaciones y experiencias son, aunque sean de manera distinta a la forma que yo desearía que fueran.
Desde este rincón de mi existencia, plena y sola, repudio toda manifestación de violencia; repudio el asesinato de quien sólo manifestó amor a la vida… de quien repudiaba la violencia de la que fue víctima.
Facundo Cabral no ha muerto.  Está presente en cada esfuerzo del trovador que inicia sus primeras letras; está presente en la lucha diaria de tantas mujeres y hombres que también creen que los prejuicios nos encadenan y dan su vida por romper esas cadenas; está presente en las sonrisas de quienes se entregan en un abrazo… Porque, creo yo, que él, así como tantas otras personas que han hecho la diferencia, con cada buena acción que realicemos, con toda buena intención que manifestemos, se perpetúa su existencia…
Ayer dormí con la triste noticia de actos de violencia desmedida en mi país, y hoy abrí los ojos para enterarme de otra muerte provocada por una violencia similar… Sin embargo, estoy convencida de que llegará el día en que el amor sea la regla y no la excepción; estoy convencida de que son más quienes luchan por construir un mundo mejor que aquellos que destruyen y se destruyen… Porque tengo la certeza de que, como dijo Facundo Cabral: el bien es mayoría.
Descanse en paz…

lunes, 20 de junio de 2011

¿Éxito... o mera acumulación?


El diccionario de la Real Academia Española ha definido la palabra éxito como la ‘buena aceptación que tiene alguien o algo’. Hoy por hoy, esta palabra derivada del latín alcanza prácticamente todos los espacios de desarrollo individual: eres una persona de éxito si, además de contar con una vivienda y vehículo propios, se cuentan con los medios económicos suficientes para viajar al menos una vez al año, para mantener de manera ‘decorosa’ a una familia... porque, desde luego, una persona de éxito tiene una familia: esposa o esposo, además de tener descendencia. Ni hablar del desarrollo profesional: entre más alto sea el cargo que se ocupe dentro de una organización, mayor será el éxito...

Personalmente, coincido con la idea de que en algún punto del camino perdimos la perspectiva de esta palabra, o quizá, le dimos un uso demasiado extenso... o muy limitado, según el punto de vista desde el cual se parta para el análisis de la palabra en cuestión. Porque, de otra manera, podríamos caer en el error de considerar que la mayoría de la población en nuestro país no es exitosa: un alto porcentaje no posee vivienda o vehículo propios; el salario que la mayoría percibe es apenas suficiente para cubrir necesidades mínimas, las cuales desde luego no contemplan viaje alguno; y ese mismo porcentaje forma parte de lo que se denomina economía informal. Este equívoco excluye a padres y madres de familia que, dentro de sus restricciones económicas, prodigan besos, abrazos, cuentos y caricias sin límite alguno a sus hijas e hijos en cualquier hora del día, cualquier día del año; de igual manera, excluiría a quienes, sin mayor crédito que su confianza, han logrado compartir su esencia y trascender en una obra de arte magnífica, la cual puede ser un pastel de cumpleaños decorado con amor y esmero, o una excelsa pintura que se exhibe en un modesto pero alegre andador de una plaza. Y la lista sigue de manera interminable...

Por otro lado, esa materialización de la palabra éxito, en buena medida nos ha generado graves problemas como sociedad: se busca tener más, poseer más, a costa de lo que sea. Y así, como país, tenemos la nada honrosa mención de que un narcotraficante mexicano es considerado por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos como el narcotraficante más poderoso de todos los tiempos. ¿Debemos considerarlo como una persona exitosa? ¿Cuál es el mensaje que se envía a nuestras niñas y niños?

Es urgente que atendamos al buen uso de las palabras que utilizamos para definir tanto personas como situaciones: una persona que tiene un puesto importante dentro de una organización es, sencillamente, una persona con un puesto importante; una conducta delictiva es denigrante, no poderosa... “si (como afirma el griego en el Cratilo) el nombre es el arquetipo de la cosa en todas las letras de la palabra ‘rosa’ está la rosa y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'...” diría Jorge Luis Borges (El Golem).

jueves, 9 de junio de 2011

Mesa para cuatro, por favor


Mesa para cuatro, por favor. La intrigada mirada del mesero dice más que su silencio: ‘¿y el resto de los comensales?’, se preguntará, sin duda...

Me siento a la mesa asignada y enseguida ordeno la bebida y la comida. Se rompe el silencio y escucho un amable cuestionamiento: ‘¿no espera a las demás personas?’. Un par de ojos me observan, desorbitados, cuando contesto: ‘¡Pero si ya están aquí conmigo!’.

Un segundo después, soy yo quien abro los ojos, no tan desorbitados, más bien soñolientos. Es un sueño donde camino aparentemente sola; sin embargo, al sentarme a la mesa de un hermoso restaurante, me doy cuenta que esa soledad es tan solo una ilusión: mi familia está sentada a la mesa, junto a mí. El resto de las personas, desde luego, no les ven. Y es que su compañía va conmigo, en ese lugar indefinido entre mi sangre, mis recuerdos, mis experiencias y mis sentimientos.

Así es como, creo yo, andamos por la vida: con nuestros quereres a cuesta, caminando paso a paso a nuestro lado. Si ponemos atención, se escucharán los cantos que arrullaron nuestros primeros sueños; los primeros consejos para dar los primeros pasos... si detenemos el barullo que diariamente insiste en gobernar nuestros pensamientos, quizá seamos capaces de sentir aquella primera caricia, aquél abrazo que consoló nuestra primera pérdida.

A mí me gusta recordar y sentir su brillo. Porque mi madre brilla. Siempre ha brillado, además de ser brillante. No sé las demás personas, pero yo sí veo cómo su cara se ilumina cuando sonríe, cuando escucha mis andanzas del día, cuando tiene entre sus manos el libro de la semana y lo bebe línea a línea al pie de una lámpara que a su lado se ve opaca. Brilla en la mañana, y brilla más por la noche. Y me gusta creer que yo también brillo cuando me envuelve su mirada...

No es el día de las madres. Tampoco el día de la familia. Y el día del padre es tan impreciso en mi calendario como el reconocimiento colectivo que se hace a los grandes hombres que sí existen, como mi padre, como el padre de tantos hombres y mujeres que conozco. No, para mí, hoy es un día más especial que todas las fechas del calendario. Es un día para decir que amo a mi familia; es un día para recordar que cada persona con la que trato viene gratamente acompañada por su propia familia, y por eso, tal vez, debo ser todavía más respetuosa en mi trato.

Respeto. Ojalá respetemos más nuestro pasado, nuestro origen... a esas personas que no sólo hicieron espacio en su vida para que tuviéramos cabida, sino que, con el corazón en la mano, nos cedieron su espacio para construir nuestra existencia.

lunes, 6 de junio de 2011

Invitaciones del pasado, siempre presentes


El 2 de junio tuve la oportunidad de asistir a la presentación del libro “Sol de Libertad. Hermila Galindo: feminista, constitucionalista y primera censora legislativa en México” de la escritora duranguense Rosa María Valles Ruiz.

Hacer un esfuerzo por resumir en este espacio el contenido de esta obra resultaría no sólo imposible, sino casi un insulto al trabajo realizado por la Dra. Valles Ruiz. Sin embargo, como mujer interesada en el quehacer de mis congéneres, no pude evitar la tentación de aprovechar la oportunidad de citar parte del legado de Hermila Galindo, palabras que a casi cien años de haber sido escritas, tienen una indiscutible vigencia:

“...Los pensamientos, vengan de donde vengan, deben ser discutidos: la razón debe penetrar en ellos, analizándolos para ver lo que tienen de verdad, o demostrar que son falsas urdimbres de mentiras y de engaños...

...las ideas, cualesquiera que ellas sean deben de cruzar bajo las horcas caudinas de un razonamiento frío, sólo de este modo puede llegar a poseerse la verdad, así sea en la dosis relativa a que pueda aspirar la humanidad imperfecta...” (Mujer Moderna núm. 54, 26 de noviembre de 1916).

Para mí, resulta irrefutable que nadie posee la verdad absoluta, y, sin embargo, también es innegable que hoy en día, desde diversas trincheras, escuchamos y leemos diversidad de argumentos que se ofrecen como una única e inobjetable verdad. Y así, escuchamos en pláticas de sobremesa la repetición continua de esas mismas palabras, con el mismo peso de cierto o verdadero.

Como sociedad, adolecemos de un pensamiento crítico, que analice y desmenuce las palabras que acuden a nuestros oídos o a nuestros ojos; y esta actitud, personalmente, la considero no sólo irresponsable, sino peligrosa: nuestra vida es conducida por pensamientos y consecuentes decisiones que nos resultan ajenas, y atendemos así a intereses que no son los nuestros. Se trate de una elección para elegir mandatarios o representantes en las curules, o de obras en las vías de comunicación, o en las reformas a una legislación existente o creación de una nueva: es nuestra obligación participar, con información y pensamiento crítico, exponer nuestro punto de vista; objetar si es necesario, promover si es conveniente.

La verdad fluye (o debería fluir) libremente en nuestro pensamiento, y nuestra realidad es la que le da ese matiz que la distingue entre las distintas verdades, aún cuando sea la misma verdad para todas y para todos... Cada persona, desde su experiencia de vida y circunstancias personales, observará y vivirá esa misma verdad de manera diferente: es la diversidad la que construye la posibilidad de generar mejores condiciones para el colectivo, no sólo para un individuo.

Desde un rincón de la historia, una gran mujer nos invita a reflexionar, a actuar con conciencia... Yo acepto con gusto esa atenta invitación.

martes, 31 de mayo de 2011

Buscando espacios


Gorda. Afeminado. Chaparra. Machorra... Son un ejemplo de las muchas connotaciones peyorativas con las que suele distinguirse a las personas que tienen características, físicas o no, que les distingue significativamente del resto.

Aunque al final del día esas características de ninguna manera son determinantes de sus valores, capacidades y habilidades, en el transcurso de la vida son estigmas que señalan -en forma negativa, su paso por esta vida.
Lo importante, creo yo, no es realizar una campaña donde se intente generar una conciencia de respeto a lo diferente, a quien es diferente a mí: lo importante es que seamos conscientes que todas y todos, sin importar raza, condición física o social, somos una obra única, irrepetible, absolutamente diferentes. Y cada quien, obedeciendo a nuestras circunstancias de vida personales, poseemos habilidades que nos distinguen aún más del resto. Es tan difícil apreciar y entender esto? Parece ser que sí.

Principalmente en los medios masivos de comunicación se ve con singular fuerza una promoción de estilos estereotipados, tanto en hombres como mujeres; y esos estilos son los que con insistencia se busca 'copiar' en las calles, en las aulas... Y lo diferente? Por qué no darle cabida a lo diferente? Por qué no generar espacios donde se respete toda esa diferencia que le da riqueza a nuestra vida? Espacios en la calle, en nuestra casa, en las escuelas; espacios donde se dé cabida a la libre expresión, sin temores al prejuicio... Espacios donde nos permitamos esa alegría de la primera infancia, donde un abrazo era tan sólo un abrazo...

Junto a mí se encuentra una mujer de edad indefinida, su mirada derrocha amor, de ese amor que transmite la gente de corazón noble... Quisiera toda una vida para poder escuchar la sabiduría de su silencio, ese silencio que habla a través de su sonrisa... A esta mujer quisiera yo verla en la portada de revistas mexicanas, y en los anuncios donde el gobierno federal insiste y se empeña en promover el turismo en México...

Quizá por ahí debiéramos empezar también: por pedirle a nuestro gobierno que respete y promueva nuestras singularidades.