domingo, 20 de mayo de 2012

LGBT: Personas con derechos


“Buscando el bien de nuestros semejantes,
encontramos el nuestro”.
Platón.


El pasado 17 de mayo se celebró el Día Internacional contra la Homofobia y Transfobia, que coincide con la fecha en que fue eliminada la homosexualidad de las listas de enfermedades mentales, en la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud de 1990.

Sin embargo, todavía hay países que criminalizan la homosexualidad, condenando con prisión y, en algunos casos, hasta con pena de muerte, los actos sexuales entre personas del mismo sexo.

Legalmente hablando, México se encuentra fuera de estos supuestos, condenatorios desde la perspectiva de derechos humanos. Por citar un ejemplo,  está la Ley Federal para prevenir y eliminar la discriminación (de orden público e interés social), que en su artículo 4 señala que se entiende “… por discriminación toda distinción, exclusión o restricción que, basada en … el sexo… preferencias sexuales…        que tenga por efecto impedir o anular el reconocimiento o el ejercicio de los derechos y la igualdad real de oportunidades de las personas”.

En el artículo 9, fracciones XXVII y XXVIII de la misma ley, se especifica que se considerarán, entre otros, como actos discriminatorios, “incitar al odio, violencia, rechazo, burla, difamación, injuria, persecución o la exclusión”, así como “realizar o promover el maltrato físico o psicológico por la apariencia física, forma de vestir, hablar, gesticular o por asumir públicamente su preferencia sexual”.

Sin embargo, socialmente hablando, nuestro país no es un ejemplo para la comunidad internacional. Numerosos son los casos de crímenes de odio cometidos contra personas homosexuales, bisexuales y transgénero, e incontables los ejemplos en que la convivencia diaria estigmatiza a quien tiene una preferencia sexual determinada… no aceptada.

Pero, ¿qué es lo que no se acepta? ¿A qué se debe tanta intransigencia? ¿No se acepta que las personas elijan libremente la expresión de su sexualidad, o que su elección sea distinta a lo que consideramos es válido… o peor aún, “normal”?

Yo, personalmente, me intereso por ver y conocer personas, no preferencias sexuales, pues con quienes trato, de quienes aprendo, es de personas. Personas que, como tú y como yo, tienen derecho a trabajar, a estudiar, a amar… a tener una vida plena. Lo que decidan y elijan hacer con su cuerpo y sus sentimientos es un asunto en el que, definitivamente, no tengo ninguna autoridad para opinar. Ni moral, ni religiosa, mucho menos política.

Y aquí, hago invito a una reflexión: ¿considerarías como “normal”, que en tu familia, escuela, trabajo y centros de convivencia, te pidieran declararas que eres una persona heterosexual? A mí nadie me lo ha pedido nunca, ni como requisito para ser aceptada, ni como petición expresa para saber cómo debo ser tratada. Y si alguien lo hiciera, sinceramente, creo que le dejaría con la palabra en la boca…

Muchos son los casos, cotidianos, comunes, y altamente reprochables, en los que se incita al odio, violencia, rechazo y burla de hombres y mujeres homosexuales, bisexuales y transgénero; a propósito de ellos y ellas, los adjetivos peyorativos y denigrantes no se hacen esperar en distintos espacios, públicos y privados.

Cierto que cada persona actúa según sus circunstancias de vida, aquellas que arrojan su historia personal. Y si en esa historia personal, durante su infancia, vio y vivió la discriminación como una conducta normal, el resultado, en su edad adulta, es aceptar y repetir esa misma discriminación sin cuestionamientos.

Por ello, exhorto a las personas adultas a que aprendan (y reaprendan) a tratar con respeto: respeto a las diferencias, cualquiera que sea su manifestación. Porque, sin temor a equivocarme, siempre habrá una persona menor de edad que en un futuro imitará su ejemplo…

jueves, 10 de mayo de 2012

Madres con brazos vacíos...

“Sustituir el amor propio por el amor a los demás
 es cambiar un tirano insufrible por un buen amigo”.
Concepción Arenal.

‘A todo se acostumbra uno, menos a no comer’. En más de una ocasión, he escuchado esta frase desde mi niñez; y creo que en algún momento de mi vida, le di crédito incuestionable a su contenido.

Desconozco si esta expresión se repite con la misma intención en otros países, nórdicos, africanos, asiáticos… Sin embargo, creo que si bien cabe la posibilidad de que no se trate de una máxima auténtica y exclusivamente mexicana, sí refleja mucho de nuestra cultura: históricamente, nos hemos acostumbrado a no mirar niñas y niños mal vestidos y peor alimentados, ofreciendo dulces en cualquier esquina; nos hemos acostumbrado a que la sociedad no muestre respeto ni orgullo por nuestras personas mayores; nos acostumbramos a la vida cara y al sueldo insuficiente, la política barata, sin clase ni historia… cada vez nos acostumbramos más a actos de corrupción que son noticia de un solo día… Nos hemos acostumbrado a criticar, juzgar y denigrar a quien manifieste una opinión diferente a la nuestra, se trate de religión, política, educación o música… Nos hemos acostumbrado a la intolerancia exacerbada, disfrazada de conocimiento y especialización… Y la lista parece interminable.

Por todo este costumbrismo aceptado, quizá no esté tan fuera de lugar ni de contexto que –como sociedad- nos hayamos habituado a niveles de violencia, dolor y desesperación nunca antes vividos en nuestro país en semejante medida. Porque, aunque lo neguemos con singular presteza: ya nos acostumbramos. Quizá sea hora de reconocer que la guerra emprendida contra el crimen organizado no sólo equivocó su objetivo y estrategia: lentamente nos ha hecho inmunes al dolor ajeno.
Difícil pensar en una razón. Quizá porque es necesario sobrevivir, tal vez el individualismo es mucho y la compasión escasa… Como sea, pareciera refrendarse que ‘a todo se acostumbra uno…’, incluso al crecimiento indecente del número de hombres y mujeres que mueren, día a día, víctimas de una mezcla perversa de cerrazón política y del mutismo insano de la sociedad.

Diez de mayo. Muchas mujeres de nuestro país, abuelas, madres, hijas, nietas, festejarán y serán festejadas… mientras que otras mujeres, cientos, miles, ojerosas y llenas de llanto seco, callado, nos obligan a voltear la mirada a historias de vida que han quedado suspendidas.

No. A todas aquellas personas responsables de la gran tragedia que vivimos, les digo: yo no me acostumbro al desconsuelo de esas madres que hoy han desafiado a nuestra indiferencia; no me acostumbro al dolor y desconcierto de miles de niñas y niños, huérfanos de una incalificable guerra, y huérfanos de nuestra memoria: son ellas y ellas de quienes nadie se acuerda, porque nadie se ocupa.

No, no puedo acostumbrarme a la necedad y ceguera de unos cuantos, y a la pasividad de miles… Sobra decir que no me acostumbro a escuchar de muertes y desapariciones violentas: México, nuestro país, exige que levantemos la voz… y no sólo para festejar, comercialmente, un 10 de mayo más… 

lunes, 30 de abril de 2012

Los estereotipos reafirman su vigencia


“El futuro pertenece a quienes creen
en la belleza de sus sueños”.
Eleanor Roosevelt


En un rincón del escritorio me espera impaciente un café que se enfría ante mi dificultad de digerir, palabra por palabra el encabezado que alegremente se anuncia en un periódico de amplia circulación: “abren spa para niñas donde les enseñan a ser bonitas y educadas”. En el texto, se puede leer que ahí se les enseña a las niñas todos los temas relacionados con el comportamiento social infantil: elegancia, glamour, oratoria y dicción, expresión corporal, todo lo que hace una mujer integral: “… les enseñamos cómo ser unas damitas”. ¿Qué diferencia real existe entre este spa y los programas al estilo de Pequeños gigantes? Honestamente, no veo ninguna: en ambos casos se promueve la sexualización de las niñas.

¿Qué sucede? ¿Acaso estamos retrocediendo en la lucha por los derechos de las niñas y los niños? La creación de espacios donde se les enseñe a unas niñas la versión moderna de ‘calladita te ves más bonita’, ¿es una violación a sus derechos? Aunque suene exagerado a los oídos de algunas personas, considero que sí. Promover que una niña sienta que vale a los ojos de los demás sólo por sus atributos físicos y por su capacidad de atraer sexualmente a otras personas de ninguna manera es, desde mi personal punto de vista, una forma de garantizar sus derechos. De igual forma, estimo que es de vital importancia poner particular atención en esto: se siguen generando espacios que refuerzan los estereotipos de lo que debe ser una niña… niña que el día de mañana, será una mujer, mujer preconcebida en un concepto: elegante, glamorosa, etc. ¿Y el derecho a su autodeterminación?

En la misma medida en que se generen este tipo de espacios se deben redoblar nuestros esfuerzos por luchar contra los estereotipos: si una niña elige jugar con carros y no con muñecas, vestir de naranja y no de rosa, llevar el cabello corto y no en trenzas a la cintura, es tan respetable como que elija vestir de rosa y jugar a la ‘casita’. La diferencia estriba en su elección, elección que precisa ser respetada.

De lo contrario, estaremos educando y formando niñas que el día de mañana, al encontrar en un periódico que hay una nueva aplicación que impedirá que coman solas en los restaurantes, estarán felices al pensar en la posibilidad de dejar de sentirse ‘como si fuera una mujer que busca pareja o una triste y solitaria solterona’[1]… Si preguntáramos a, por lo menos, quince hombres, si gustan de comer solos durante sus viajes, nos sorprendería darnos cuenta que al menos a un par de ellos no les agrada la idea de comer sin compañía.

Que una persona, hombre o mujer, tenga problemas con disfrutar una comida, un viaje o una ida al cine sin compañía no es, considero, ni bueno ni malo. Lo que definitivamente me molesta, es que se encasille a las mujeres como al grupo que se siente vulnerable si no van acompañadas. Tan vulnerable puede estar un hombre como una mujer: no es cuestión de género.

El 30 de abril, general y comercialmente conocido como ‘Día del niño’ tiene distintas connotaciones que, a mi parecer, debieran converger en una sola: promover y garantizar los derechos de la infancia.

Por recomendación de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1954, se sugirió se instituyera en todos los países un día universal del niño, para así promover su bienestar y sus derechos. La Organización de las Naciones Unidas celebra este día el 20 de noviembre, en conmemoración a la aprobación de la Declaración de los Derechos del Niño y la Convención sobre los Derechos del Niño.

Confío en que esté cercana la fecha en que, a nivel mundial, en los países de habla hispana, se celebre el ‘Día del niño y la niña’, o quizá mejor dicho, ‘Día de la niñez’. Porque el “día del niño” invisibiliza a la niña, y al aceptarse se reafirma lo masculino como norma y lo femenino como la excepción. Y al convertir en una excepción a lo femenino, se violentan los derechos de la niña. Las mujeres no existimos por excepción: somos parte integral de la humanidad. Así como confío en que un día, nos veamos a los ojos, las unas a los otros, sin estigmatizar nuestros géneros, sin encasillarnos en actividades, actitudes o gustos ‘propios del sexo’.

Abracemos y amemos a nuestras niñas y nuestros niños, dejemos de regalar estereotipos disfrazados.



[1] Rochelle Peachey. Fuente: CNN México, 29 de abril de 2012 (“¿Eres mujer y odias comer sola? Una ‘app’ te ayuda a encontrar compañía”).

lunes, 16 de abril de 2012

Silencio

La encontré con una sonrisa dibujada en su rostro. Una sonrisa forzada, incierta.

De haber sabido que aquél sería el último beso, jamás me hubiera apartado de su lado, dijo con voz trémula y una desesperación creciente entre sus manos; manos que buscaban, en el vacío, un consuelo, un abrazo…

Sus ojos buscaban en el aire un adiós digno, mientras sus pasos comenzaron a dibujarse sobre el suelo sin dirección alguna…

“Silencio. Sólo recibo silencio de su parte. Un silencio que duele, que me ahoga; un silencio que me invade aunque no quiera…”

Miró con tristeza inmensa las flores que descansaban sobre el florero, en el rincón de una mesa que era testigo de mejores ayeres. Su sonrisa, segundo a segundo, comenzó a marchitarse…

Y ahí me quedé, viendo cómo sus lágrimas gritaban lo que sus labios eran incapaces de expresar, segura de que su creciente pena, algún día, daría paso a nuevas experiencias…

domingo, 8 de abril de 2012

Trata de personas: un problema social


Antes de dar al pueblo sacerdotes, soldados y maestros,
sería oportuno saber si por ventura
no se está muriendo de hambre.
León Tolstói.

A finales de este año, según la Subsecretaría de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, se contará con un Diagnóstico Nacional sobre Trata de Personas, documento que permitirá por un lado, el establecimiento de políticas públicas y la definición de bases estratégicas sobre las rutas utilizadas por quienes trafican, y, por otro, conocer las diferentes formas de enganche.

Notable trabajo el que habrá de realizarse, el cual, sin importar el color del que se pinte el Ejecutivo Federal durante el próximo sexenio, es de esperarse sea de gran utilidad.

Sin ánimo de descalificar este esfuerzo, es importante subrayar que la trata de personas con fines de explotación sexual y comercial es un tema del que se tiene noticia desde hace tiempo. En junio de 2006, un estudio de la Comisión Especial de la Niñez, Adolescencia y Familia de la Cámara de Diputados, denunció el crecimiento de redes de pornografía y turismo sexual infantil en nuestro país. Según dicho análisis, los ‘focos rojos’ se encontraban en Tijuana, Ciudad Juárez, Tapachula, Guadalajara, Puerto Vallarta, Acapulco, Cancún, Estado de México y Distrito Federal.

De acuerdo con datos de 2007, la UNICEF reportó que en México 20 mil niños y niñas eran víctimas de tráfico, explotación sexual y comercial, de los cuales, al menos, 6 mil de ellos vivían en el Distrito Federal.

En el año 2008, en un estudio elaborado por la Organización de Estados Americanos, se dio a conocer que México ocupaba el noveno lugar en explotación sexual infantil. En ese mismo año, según informes del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática y del Fondo Internacional para la Infancia, 16 mil personas menores de edad eran sujetas de explotación sexual cada año, informándose que en 21 de las 32 entidades del país existía turismo sexual.

Y así, nos podemos encontrar con cifras, estudios, opiniones, análisis realizados y difundidos en cada año del presente sexenio que está por terminar. ¿Por qué hasta ahora se inicia un diagnóstico nacional?

La trata de personas con fines de explotación sexual y comercial y el “negocio" del narcotráfico, tienen un denominador común: el hambre.

Desde luego, existen otros factores que tienen singular participación, como lo es la autoestima de las personas involucradas en la trata (tanto de víctimas como victimarios), la idea ampliamente difundida de que el dinero es lo que garantiza un estilo de vida ‘deseable’, la cosificación del cuerpo femenino, el machismo, la hipersexualización, la violencia familiar… Entre muchos, muchos más.

Para nadie resulta un secreto que durante los últimos años, el Ejecutivo Federal se ha empeñado en una lucha frontal contra el narcotráfico, con severas y dolorosas consecuencias, aunque ahora se hagan superados esfuerzos por denominar a este sexenio como el de la “infraestructura”; en contraparte, no han sido pocos los intentos realizados por diputados, diputadas, analistas, organizaciones civiles y activistas, para llamar la atención de quienes detentan el poder de decisión en materia de políticas públicas, y voltear la mirada hacia temas tan preocupantes como lo es la trata de personas.

No se trata sólo de sancionar, sino de prevenir; no es sólo atacar, sino alimentar a quienes padecen hambre y que por esa situación inhumana son blancos fáciles para la trata de personas. Ojalá tantos datos estadísticos, presentes y futuros, sean una herramienta eficaz para proteger a la niñez de una amenaza constante, que se asoma con facilidad a miles de vidas inocentes y se esconde detrás de centenares actos de corrupción.

Las niñas y niños que hoy son víctimas de trata, serán el día de mañana, muy probablemente, parte de la misma cadena que hoy les enganchó, mutilándoles la vida, limitándoles las posibilidades de existencia. Si no actuamos hoy con diligencia, en un futuro cercano podría llegarse al absurdo de poner sobre la mesa la posibilidad de regular la trata, y no de combatirla. Y eso, desde luego, nunca será lo que desee para generaciones futuras en mi país. ¿Y tú?

miércoles, 4 de abril de 2012

Escúchame...


Aquí estoy.
Todo este tiempo he estado a tu lado; a pesar de tus esfuerzos por ignorarme, me mantienes en tu mente al reprocharme, cuestionarme e incluso, repudiarme... Vano intento; con ello sólo logras acumular amargura y frustración.
Soy lo que soy, y nada ni nadie podrá cambiarme; sólo acógeme con amor, y en respuesta, poco a poco, te regalaré paz, que podrás algún día transformar en sabiduría.
Con cariño: Tu pasado.