domingo, 16 de septiembre de 2012

La independencia de México y otras historias.


“¿Qué es la historia? Una sencilla fábula
que todos hemos aceptado”.
Napoleón.


A propósito de la celebración de la Independencia de México, como todos los años, se levantan muchas voces que enarbolan la bandera del nacionalismo, de la defensa de la patria y todas las razones políticas que esta frase conlleva. Pero, en realidad, ¿qué tanto conocemos de nuestra historia, de esa que aprendimos en libros de texto? Pero, sobre todo, ¿qué tanto sabemos de la historia que día a día se escribe, desde la frontera norte hasta la frontera sur de México? ¿Qué tanto nos hemos interesado por conocer de nuestra realidad?

Chimamanda Ngozi Adichie es una escritora nigeriana, contadora de historias, como ella misma se define. En una conferencia que impartió en 2009, habló sobre ‘El peligro de una sola historia’.

En esa charla, Chimamanda ejemplifica lo vulnerables que somos ante las historias, particularmente en la infancia, al explicar que su primer acercamiento a la literatura fue a través de textos ingleses, por lo que los personajes de textos propios que ella elaboraba con crayolas, eran de piel blanca, ojos azules y consumidores de frutos que no eran usuales en Nigeria. No fue sino hasta que tuvo acceso a libros de escritores africanos que se dio cuenta que niñas como ella, de piel negra, también podían existir en la literatura.

Con sencillez en los detalles, también habla de Fide, un mayordomo que entró al servicio en su casa cuando ella tenía alrededor de 8 años. La única información que le fue proporcionada, es que Fide estaba ahí porque su familia era muy pobre. Así que el día que conoció, en compañía de su familia, la casa de Fide, se sorprendió mucho al ver que el resto de la familia de Fide trabajaba elaborando canastas… Jamás hubiera pensado que la familia de Fide pudiera hacer algo: su pobreza era la única historia que tenía de él.

La llegada a Estados Unidos de América significó para Chimamanda no sólo una oportunidad para continuar sus exitosos estudios, sino también para vivir en carne propia la experiencia de ser víctima de una única historia. Su compañera de cuarto se asombró al oír que Chimamanda hablaba inglés a la perfección, no más que al enterarse que sabía utilizar una estufa… Sin conocerla, sentía una lástima condescendiente por aquella mujer que provenía de un lugar de hermosos paisajes y guerras sin fin. Consecuencia natural, dice la contadora de historias, de narrar una única historia: se muestra a la gente como una sola cosa, una y otra vez, hasta que se convierte en eso…

La autora nigeriana confiesa haber tenido una infancia feliz, en el seno de una amorosa y unida familia; etapa que, sin embargo, también se vio ensombrecida por la muerte de sus abuelos en un campo de refugiados, el fallecimiento de una prima por falta de atención médica, y la constante de regímenes militares represivos. Destacar sólo los aspectos negativos de su historia, señala, sería simplificar la experiencia.

Cierto es que ni podemos ni debemos ignorar los hechos violentos de nuestra realidad social mexicana; de igual forma, es deber irrefutable de la ciudadanía cuestionar los actos de nuestros gobernantes… Pero, ni todo suceso que ocurre en nuestro país es injusto, ni todos nuestros gobernantes son corruptos. Quizá sea momento de equilibrar la historia que día a día escribimos los hombres y mujeres de este país, y hacer un esfuerzo máximo por contar, también, las buenas historias… Y contar esas historias es una responsabilidad social, aprovechar todos los espacios que tenemos disponibles para hacerlo…

En palabras de Chimamanda Adichie “La historia única crea estereotipos, y el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Hacen de una sola historia que sea la única historia… La consecuencia de la historia única, es que roba la dignidad de los pueblos, dificulta el reconocimiento de nuestra igualdad humana, enfatiza nuestras diferencias en vez de nuestras similitudes… Las historias importan. Muchas historias importan. Las historias se han usado para despojar y calumniar, pero también pueden dar poder y humanizar. Las historias pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden reparar la dignidad rota…”

Reparemos la dignidad de nuestro pueblo. México merece que contemos la otra historia… 

lunes, 27 de agosto de 2012

Sólo quiero tu mirada... la orfandad por la violencia


“¿Cuándo serán nuestras consciencias
lo suficientemente sensibles como para
impedir la miseria humana en lugar de vengarla?”

Eleanor Roosevelt.

Aunque te niegues a verme, existo...
Aunque ensordezcas para mí tus oídos, grito, hablo, lloro y me lamento...
Aunque para mí no haya espacio en tu mesa ni en tu presupuesto ni en tu política pública, aquí estoy...
Y aún cuando pretendas juzgarme por mi pasado, por todo lo que han hecho mis manos y visto mis ojos, a pesar de ello, también soy capaz de amar...

A finales del Siglo XX comenzó a tejerse una historia, historia que se traduce en la existencia de dos grandes pandillas, enfrentadas a muerte: MS (Mara Salvatrucha) y la 18. Cuentan con, aproximadamente, 150 mil miembros activos, agrupados en miles de células (‘clicas’).

La realidad más cruda, es que las y los integrantes son las y los marginados dentro de la marginación: en el pasado de las personas que integran estas pandillas, están varios denominadores comunes: la violencia de la posguerra y de crisis económicas, así como historias de desastres naturales. Niños y niñas en orfandad que la sociedad no supo reintegrar, víctimas de una segmentación social en búsqueda de identidad, con la necesidad de crear comunidades dentro de las cuales se les considere como integrantes, como personas: seres humanos ansiosos de ser vistos, tomados en cuenta, respetados y amados.

En El Salvador, en el año 2003, se anuncia la Ley ‘Mano dura’ que, básicamente, consistía en arrestar a toda persona sospechosa de pertenecer a una pandilla: por usar tatuajes, por hablar con señas… por su mera apariencia física y forma de vestir. No está demás decir que, en las redadas, muchos ‘rockeros’ y sordomudos fueron arrestados.

La inevitable consecuencia: la violencia se traslada de las calles a las cárceles, lo que obliga a las autoridades penitenciarias a separarles según la pandilla a la que pertenezcan; y lo que, a su vez, propicia que se dote a las pandillas de una infraestructura, orden e identificación de las que antes carecían. Las cárceles se transforman en espacio propicio para reclutar a jóvenes que ‘jugaban’ a las pandillas.

Hoy por hoy, hay hombres y mujeres que, debido al estrés provocado por su pertenencia a la MS o a la 18, han buscado refugio en espacios religiosos. En realidad nunca dejan de pertenecer a la pandilla, pero la ‘clica’ respeta esa otra forma de vida dedicada a Dios… lo que, desde luego, no implica que la pandilla contraria, la policía o la sociedad misma lo respete o lo reconozca: el estigma les acompaña, segundo a segundo de sus vidas.

México no es ajeno al fenómeno de la Mara: versiones oficiales hablan de 5000 integrantes de la banda con presencia en los estados de Oaxaca, Veracruz, Baja California, Nuevo León y el Distrito Federal. (1)

Dentro de este análisis, es importante no perder de vista lo siguiente: quienes conforman la MS y la 18, son personas que no han encontrado espacios de desarrollo dentro de comunidades que les excluyen, personas que tampoco han encontrado formas de vincularse con la sociedad ni con sus familias.

Fotografía: Manuel de Jesús Hernández, Durango 2012
Aunque nos duela reconocerlo, a un importante porcentaje de las niñas y niños que van quedando en orfandad en nuestro país, como consecuencia de la violencia y narcotráfico, la misma delincuencia organizada les acoge y abraza: les dan un espacio, un lugar dentro de la sociedad: acción que genera lealtad por parte de esas personas menores de edad, que darán su vida sin cuestionarlo, en caso de ser necesario, por quienes sí les tomaron en cuenta… por quienes sí les vieron, no como estadísticas, sino como personas. Al día de hoy, esas niñas y niños son parte del problema, pero también pueden ser parte de la solución… si se lo permitimos, si asumimos nuestra corresponsabilidad en el problema.

De las muchas asignaturas pendientes que hay en nuestro país, hay una en particular que ningún candidato o candidata a la Presidencia de la República ha siquiera mencionado: ¿qué propuesta tienen para los miles de niños y niñas que, como consecuencia de la violencia, han quedado en orfandad? ¿Se han puesto a pensar que esas personas menores de edad serán, en un futuro próximo, personas que demandarán estudio, trabajo…? ¿Cuáles son las opciones de vida que se les ofrecerán? ¿Programas asistencialistas que nada resuelven? ¿Paliativos ineficaces aunque costosos? ¿Políticas públicas ajenas a la realidad?

Se requieren políticas de prevención, de atención y reinserción social, no políticas ni leyes de excepción. Ojalá que quien quede al frente del Ejecutivo Federal tenga la suficiente empatía y altura de miras como para darse cuenta de esto, y que evite que en un futuro repliquemos políticas restrictivas como las que se han vivido en otras latitudes de América Latina.

(1) De los maras a los zetas, Jorge Fernández Menéndez y Víctor Ronquillo. Editorial Debolsillo. 2010.

Publicado por primera vez en gurupolitico.com el 14 de mayo de 2012

Urgente replanteamiento de los derechos políticos de las mujeres


“El problema de la mujer
 siempre ha sido un problema de hombres”
Simone de Beauvoir
Muchos años han transcurrido desde que Olympe de Gouges exigiera en 1791, en su Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, el voto femenino y la igualdad de derechos y deberes para la mujer y el hombre, reconociéndose internacionalmente hasta 1948, después de no pocas luchas, como un derecho humano fundamental.
Sin embargo, esa igualdad reconocida jurídicamente, por sí sola, de ninguna manera fue factor determinante para la participación activa de la mujer en la política, en razón de múltiples desventajas y discriminación sistemática hacia las mujeres: en 1995 el porcentaje global de mujeres en puestos parlamentarios era tan sólo de 11%. Por ello la implementación de las cuotas de género, como una medida internacional para hacer frente a ese desequilibrio. Y aun así, en 2010 se alcanzó apenas 19%; aquí cabe destacar el ejemplo de Cuba, país que no cuenta con el sistema de cuotas como medida afirmativa para promover la participación política de las mujeres, y ocupa el tercer lugar en el mundo, por encima de Estados Unidos de América, en el lugar 78.
El progreso, a nivel parlamentario, en la participación política de la mujer en México se debe, en gran medida, a la implementación del sistema de cuotas; no obstante, no se ha considerado como un punto de partida, sino como un límite: es la cuota a cubrir. Aquí cabe resaltar que para los próximos comicios Chiapas está en falta: el porcentaje femenino alcanza apenas 28.5%.
Fotografía: Leticia del Rocío Hernández, Turín 2012
En el contexto nacional, la participación activa de la mujer en las actividades parlamentarias es insuficiente. El municipio, base de división territorial y administrativa de los estados, es un espacio reservado, casi exclusivamente, para los hombres: el Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal indica que hasta el mes de octubre de 2010, de los dos mil 440 municipios existentes, sólo 130 estaban encabezados por mujeres.
Si las mujeres representamos la mitad de la población, tenemos derecho a ocupar la mitad de los espacios de decisión. ¿Por qué no tenemos un mayor número de presidentas municipales, siendo esta figura política el contacto inmediato con la ciudadanía? Ciudadanía, por cierto, mayoritariamente femenina en nuestro país. La idea que subsiste respecto a los roles de género que deben jugarse en los espacios público y privado, ¿acaso nos está limitando para tener una mayor participación política?
Para apostar a una verdadera democracia, se requiere la unión de las diferentes experiencias, de hombres y mujeres; sólo así se atenderá equitativamente a los intereses y necesidades de toda la población, con la intervención equilibrada de ambos géneros en todos los ámbitos de la sociedad: en los espacios públicos y al interior de nuestras comunidades y nuestras familias.

Publicado por primera vez en el Periódico Excélsior el 08 de mayo de 2012

Nuestra deuda con la niñez


“Educad a los niños y no será necesario 
castigar a los hombres”, Pitágoras. 

Día destinado para actividades que promuevan el bienestar y los derechos de las niñas y los niños, es, en estricto sentido, el 30 de abril. Las escuelas se llenan de festivales, y las tiendas de ofertas. Es un verdadero festejo. 

Sin embargo, considero que es también una oportunidad para reflexionar sobre lo que ofrecemos y aún adeudamos a nuestra niñez.

En los festivales escolares, y ni qué decir de espacios televisivos, se ve a niños y niñas bailar, con la gracia propia de sus edades, distintas canciones cuyo contenido, sin duda, no nos detenemos a reflexionar. Eso sucedió con la famosa canción “Mesa que más aplauda” del grupo Clímax. ¿Juego de palabras inocente, o referencia explícita a la mafia japonesa más poderosa, conocida –entre otras actividades ilícitas, por explotar sexualmente a mujeres?: “… Za za za yakuzá yakuzá za za za yakuzá yakuzá…”.  Canción nuevamente utilizada, ahora en diferentes espacios informativos, a propósito de temas electorales, sobre todo la parte del coro que hace referencia a que la “mesa que más aplauda le mando le mando le mando a la niña…”. 

Canciones como ésta, desde mi punto de vista, no hacen sino reafirmar a la mujer como objeto, como un premio que se otorga a quien resulte ganador. 

En México se han levantado voces que rechazan algunas canciones del conocido grupo musical Los Tigres del Norte, pues alegan que sus letras son una apología del delito. ¿Qué hacer, entonces, con las canciones que denigran la dignidad humana? ¿Habrá qué censurar cientos o quizá miles de canciones? Con las facilidades que hoy por hoy nos brinda la tecnología, ésta sería una tarea, simplemente, ineficaz. 

Creo, más bien, que es urgente que los medios de comunicación asuman la gran responsabilidad que tienen frente a un micrófono, y que la sociedad civil, desde luego, asumamos también la responsabilidad que nos corresponde. 
Fotografía: Leticia del Rocío Hernández, Mayo 2012

Espacios donde se promueve la participación infantil “jugando” a representar papeles donde se exaltan los estereotipos, ¿qué beneficios aportan al desarrollo integral de la niñez? Utilizar a niños y niñas en campañas políticas, ¿es éticamente válido? 

La participación civil y de la infancia en el diseño, aplicación y evaluación de las políticas públicas es una urgente prioridad: la sociedad civil la conformamos todas y todos, incluidas las personas menores de edad, sus voces deben ser también escuchadas. Por ello, resulta de vital trascendencia nuestra activa participación, mediante análisis y reflexiones, en temas como el Reglamento de la Ley General de Prestación de Servicios para la atención, cuidado y desarrollo integral infantil.

Estamos en deuda con la niñez: es nuestra obligación garantizarle el pleno ejercicio de sus derechos, que cuenten con espacios para jugar libremente, para desarrollarse física, mental y emocionalmente en forma plena; les debemos garantizar que la autodeterminación sea una realidad y no sólo un objetivo plasmado en un papel. 

Este 30 de abril, y todos los días, regalemos a nuestras niñas y niños la posibilidad real de vivir en un mundo mejor, el que merecen.

(1) En 2009, Editorial Planeta Colombiana publicó el libro: “Atrapada por la mafia yakuza: Historia de una joven víctima del tráfico de personas”, Marcela Loaiza.

Publicado por primera vez en gurupolitico.com el 01 de mayo de 2012