martes, 17 de marzo de 2015

Dicen que el tiempo vuelve...

“Mira, hacia allá, un día, tú y yo caminaremos...”; pareces decir en esa imagen, grabada en mi memoria, decorada por el destello de las primeras semanas de una nueva experiencia para mí, para ti, para todos…

La misma imagen la tomo entre mis manos, y entonces te pido que no te rindas, que mantengas tu lucha, que tomes de mí la fuerza que para ello haga falta… Que necesito compartir contigo más sonrisas, y remendar con tu sabiduría mis sueños… Que tu mano ha dibujado auroras, desviado tormentas y sostenido fragilidades ajenas, pero que aún falta que sostengan un par de manitas que, lo sé y lo sabes bien, atan nuestros corazones a su vida…

Que aún me falta aprender tanto de ti… y no es que no lo haya hecho antes por necia o testaruda, sino porque mi ser entero me dice que aún no ha terminado el viaje, nuestro viaje… Que mi concepción occidental de la vida y de la muerte, a pesar mío, sigue marcando el curso de mi historia, y entonces sufro, me desanimo y me entristezco, y termino escondiendo el rostro en cualquier gesto, en un silencio, en una aurora… Sí, tú me enseñaste la belleza de la aurora, igual que me has enseñado la grandeza de la sencillez y la indescriptible belleza del silencio; me enseñaste a aceptar las diferencias, no como un signo de bondad propia, tanto como una señal de entendimiento humano… Pero te falta tanto por enseñar al pequeño corazón que ahora mismo late en mi regazo…

Y entonces, con el llanto suspendido entre una tristeza atropellada por todo aquello que es urgente y demandante, me recuerdo la existencia de una presencia superior a mi humano entendimiento, y en la suavidad de ese consuelo descanso… No me queda más que esperar, juntando nuestras manos, que la vida siga manifestándose en cada rincón y en cada pensamiento…



martes, 10 de febrero de 2015

Un lunes sin mes de cualquier año... Primera parte.

Y entonces, ¿para qué escribir? ¿A quién le interesa escuchar un pausado y adolorido latido entre los renglones de mi memoria? ¿Qué objetivo tiene deshojar palabras y engarzar pensamientos? ¿De qué sirve compartir lo que –quizá lo único, tengo para compartir: mis sentimientos…?
Caminar entre los recuerdos puede resultar un ejercicio sanador; liberar de responsabilidades a la memoria y al olvido, liberar de culpas a los sentimientos… Liberarme a mí misma, deshacerme, reinventarme, recomponerme, enmendarme y zurcir los retazos de sonrisas, miradas y alientos. Sí, todo eso sana, alimenta, apapacha, reconforta; pero no sólo camino entre recuerdos propios, pues una y otra vez me sumerjo en vivencias ajenas que me abrazan y me invitan a sentarme entre ellas, que me piden las desvista para desmitificarlas, para humanizarlas, para recordarlas… Pero el proceso también aparta, excluye (porque me excluyo) y abandona (porque me abandono)…
Escucho las voces que alrededor mío expresan más con sus silencios que con sus sonidos, y me sorprendo con la forma en que las palabras hilvanan no sólo ideas sino también puentes silenciosos e invisibles entre los corazones de quienes escupen sus buenas voluntades en cada oración. Pero también escucho otras voces que están flotando en los orificios de las paredes y en las texturas de los objetos que me rodean; son voces que viajan conmigo allá donde me encuentre, y que se asientan junto a mí mientras esto escribo. Son las voces de ellas, y también las de ellos…
Esas voces me han dicho que debería desandar el camino, limitar mis expresiones, aquietar los pensamientos de protesta… Como si fuera posible arrancarme la piel y vestir otra muy distinta, una que nunca me ha cubierto ni expuesto, una que nunca fue cobijada por mis sueños y deseos… No puedo ni quiero ser irresponsablemente temeraria, pero tampoco puedo ser lo suficientemente cobarde como para voltearle la cara a una realidad culposa que golpea no mis sueños, sino los sueños de otras y otros que tienen derecho a soñar, y que se les ha negado la idea de tener derecho a esos sueños… Simplemente, mis manos se niegan a permanecer mudas ante el dolor y la desesperanza|; un dolor que no es ajeno porque lo siento en las venas, una desesperanza que es propia porque acalla mis alegrías…

(Publicado en Mujeres Construyendo el 02 de febrero de 2015). 

miércoles, 31 de diciembre de 2014

2015

Termina un año más.

2014, en México y el mundo, se ha escrito con una fina pero vistosa tinta indeleble que ha dibujado un periodo turbulento, complejo, diferente, emocionante; pero también, se debe reconocer, el dibujo tiene tintes de tristeza, de esa angustiosa impotencia que invisibiliza el paisaje cuando se está frente a una injusticia.

La violencia machista se ha dejado ver en todos los rincones a través de las más diversas manifestaciones; desde la más sutil a la más agresiva de sus formas, la violencia machista ha desestabilizado -en el mejor de los casos, la vida de miles de mujeres, niñas y niños. Donde se pose nuestra vista, ahí está la violencia machista: a la entrada del metro, en la oficina de junto, en el espectacular con que nos topamos de vuelta a casa, en la portada de la revista y entre quienes se sientan a nuestra mesa.

Sí, porque nosotras también ejercemos violencia, porque nosotras también normalizamos esa violencia y nosotras también nos medimos, las unas a las otras, a través de unas gafas patriarcales que nos impuso una sociedad que le adeuda tanto a las personas que la conforman.  

Pero cierto es que las palabras no arreglan, por sí solas, ninguna situación: son actitudes y acciones diferentes las que se requieren, con urgencia, para dar un giro a esta historia de injusta democracia donde no participan hombres y mujeres por igual. Tenemos qué desaprender lo aprendido, desandar las mismas rutas que nos llevan al mismo violento destino…

Albergo la esperanza –necia, persistente, como cada ciclo de 365 días, de que el año que está por comenzar sea uno diferente, uno en el que se derrumben los mecanismos patriarcales, uno en que el sistema de corrupción que sirve de sustento a tantos gobiernos se desmorone… uno en que la violencia sea la excepción, y no la regla.

2015: no me defraudes, que yo no habré de hacerlo.




sábado, 26 de julio de 2014

No basta con "pintarte de naranja"... (o la trivialización de las causas sociales).


"La vanidad hace siempre traición a

nuestra prudencia y aún a nuestro interés."

Jacinto Benavente


En 2008, Ban Ki-moon Secretario General de la ONU, lanzó la campaña Unite to End Violence Against Women (Únete para Poner Fin a la Violencia contra las Mujeres). Se trata de una iniciativa plurianual que hace un llamado a los gobiernos, sociedad civil, jóvenes, medios de comunicación y socios de la ONU para sumar esfuerzos y afrontar, con la creación de sinergias e innovadoras acciones, lo que constituye ya una pandemia global: la violencia contra mujeres y niñas.

A casi 6 años de su nacimiento, poco a poco, esta iniciativa ha ido cobrando relevancia. En 2013, durante los 16 días de activismo, la Campaña Únete hizo un llamado para “pintar el mundo de naranja” de formas creativas y visibles que permitan una visión simbólica de un mundo libre de violencia contra mujeres y niñas. Así, mes con mes, vemos en redes sociales que vienen aparejados hashtags con las temáticas correspondientes, como la del mes de julio: “#OrangeUrWorld #OrangeDay Addressing Violence against women and girls in the informal economy” (“#OrangeUrWorld #DíaNaranja Abordar la violencia contra las mujeres y las niñas en la economía informal”).

Porque cada mes del 2014, la campaña nos ha encarado frente a una problemática distinta:
25 de junio: Violencia contra Mujeres y Niñas en el Deporte
25 de mayo: Participación del sector empresarial para poner fin a la Violencia
25 de abril: Violencia sexual relacionada al conflicto
25 de marzo: Mutilación Genital Femenina
25 de febrero: Violencia como parte integrante de la nueva agenda para el desarrollo
25 de enero: Acceso a la justicia para las sobrevivientes de la violencia.

Así, es de esperarse que al sumarse a la campaña se haga no sólo colocando un llamativo banner a la entrada de un edificio público; distribuyendo folletos, pulseras y similares donde se hace mención del #OrangeDay junto al nombre de nuestra empresa o asociación; o vistiendo el día 25 una prenda naranja para subirla tan pronto sea posible a redes sociales con el cada vez más popular hashtag, pidiendo un alto a la violencia contra mujeres y niñas.

No, no es nada más “pintarte de naranja”: se trata de sumergirte en el tema, saber que desde tu posición y experiencia puedes hacer algo (y comunicarlo) para impedir que el número de mujeres que a nivel global han sufrido violencia física y/o sexual en contexto de relaciones de pareja disminuya del dramático 35% hasta desaparecer un día por completo; poner en marcha pensamientos y/o acciones creativas para que las calles del mundo entero sean sitios seguros para mujeres y niñas de toda nacionalidad, religión y edad; conocer los alcances de nuestras legislaciones para poder exigir el acceso a la justicia de toda mujer y niña; ver más allá de nuestras fronteras para ser conscientes de que en el mundo, aproximadamente, 140 millones de niñas y mujeres han sufrido la mutilación/ablación genital femenina…[1]

En otras palabras: no basta presumir de un color naranja que en este contexto exhibicionista se antoja tímido y pálido, sobre todo si viene acompañado de la inacción e ignorancia de la aberrante violencia contra mujeres y niñas que acecha, incluso, en el mundo virtual.

Si queremos hacer una campaña personal de posicionamiento público, para fines políticos o de cualquier otro tipo, o bien sugiero contactar con un/a profesional que sugiera qué de bueno explotar de cada una y uno de nosotros, o bien que por su cuenta cada quien redescubra y valore sus propios talentos y virtudes para así explotarlos. Porque resulta inadmisible que, valiéndose de una campaña que pone sobre la mesa una realidad que lacera a todas las sociedades del mundo, busquemos la popularidad o, lo que me parece peor, legitimar nuestro actuar, sin que se haga un aporte real a favor de las mujeres y niñas y en contra de la violencia que día a día se vive en cada rincón del globo terráqueo.

lunes, 21 de julio de 2014

Cuando cumplas 18...


… habré de interesarme realmente en ti, pareciera ser la máxima del aparato gubernamental del Estado Mexicano cuando de la niñez de México se trata.

Es una realidad vergonzosa y vergonzante que, o la enfrentamos, reconocemos y superamos, o seguiremos viendo pasar tragedias mediáticas que no por ello dejan de ser menos trágicas. Pero, sobre todo: la atención mediática, generalmente temporal, que se brinda a casos paradigmáticos como el de ‘La Gran Familia’, nada resuelve si no vienen aparejadas acciones que reflejen la inmediata intervención del Estado.

Rosa del Carmen Verduzco Verduzco, conocida como “Mamá Rosa” no sólo en Zamora Michoacán, sino allende sus fronteras, jugó un papel determinante (y positivo, según testimonios) en la vida de miles de niños y niñas durante décadas.

Ahora bien, los alcances de su responsabilidad en la condición actual de 6 bebés, 278 niños, 174 niñas y 138 personas mayores de edad rescatados en un operativo, habrán de ser determinados en el devenir de los cauces legales, por quienes tienen facultad para ello, no por la sociedad, no por organizaciones o intelectuales, independientemente del grado de acercamiento que se haya tenido con ella a través de visitas, ceremonias, donativos, actividades públicas, etcétera. Ello, si apelamos a la prevalencia de un Estado de Derecho no sólo para las víctimas, sino para todas las personas involucradas, dentro y fuera de las paredes del albergue ‘La Gran Familia’.

No obstante, es de vital importancia mantener claridad en una cuestión urgente: la niñez en México, en general, se encuentra deficientemente atendida; y la niñez más excluida resulta prácticamente ignorada, saltan a la vista vacíos institucionales y legislativos de todo tipo, ni hablar cuando se trata de niñas, niños y adolescentes privados de cuidados familiares. La Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) y la Red Latinoamericana de Acogimiento Familiar (RELAF) da cuenta de ello con cifras preocupantes: se han identificado aproximadamente 41456 niñas y niños privados de cuidados parentales, de los cuales cerca de 29310 se encuentran en 703 instituciones enfocadas a la atención y cuidados de personas menores de edad. Pero su ubicación no es suficiente, toda vez que no se conoce el número exacto, su situación jurídica y las condiciones en que se encuentran. De este número aproximado que se conoce, ¿cuántas niñas y niños se encuentran en sitios similares a ‘La Gran Familia’, donde las necesidades rebasaron las posibilidades de atención, sin que además contara con un sistema de supervisión por parte de las autoridades que estaban obligadas a realizarla?

En octubre de 2013, UNICEF y sus socios lanzaron una campaña de comunicación llamada #hablapormi [1], con el objetivo de que la ciudadanía de América Latina conociera la realidad del internamiento institucionalizado de niñas y niños menores de 3 años: por cada año que un niño/a de corta edad reside en una institución, pierde 4 meses de desarrollo; la violencia en las instituciones es 6 veces más frecuente que en los hogares de acogida; la violencia sexual es 4 veces más frecuente que en las alternativas de protección basada en el cuidado familiar[2]. Datos que, por otro lado, tampoco debieran sorprendernos, atendiendo a la desmedida utilización de la institucionalización de niñas y niños, la nula (o, si acaso, deficiente) legislación y reglamentación existente y, por ende, la falta de supervisión no sólo de los lugares, sino del progreso y desarrollo de la niña o el niño, así como la insuficiente asignación de recursos técnicos y financieros para las instituciones.

Y es que hay qué dejar muy claro esto: Por un lado, se debe privilegiar el Interés Superior del Niño y de la Niña, teniendo como primera opción la permanencia con su madre o padre, o con su familia extensa, y sólo excepcionalmente, buscar otra forma de acogimiento familiar o institucional… No obstante, en nuestro país el criterio judicial ha interpretado esta directriz a la inversa, colapsando así la capacidad administrativa para atender a miles de niñas y niños que no debieron tener como única opción la institucionalización.

Pero, por otro lado, echemos un vistazo a nuestro pasado más próximo, y analicemos lo ocurrido con las asignaciones presupuestales durante los últimos años, en los que se ha privilegiado un sector (el de la seguridad pública), mientras que sectores como educación, salud, deporte (por mencionar algunos) deben enfrentarse no sólo al desconocimiento de su correcto funcionamiento y aplicación por parte de quienes autorizan dichos presupuestos (y me refiero a las comisiones en la Cámara de Diputados), sino que también se enfrentan a la puesta en marcha de programas que difícilmente atienden a la totalidad de la población a la que debieran estar dirigidos: la planeación es la gran ausente. Falta planeación porque faltan diagnósticos que reflejen las necesidades reales de una sociedad variopinta, y faltan diagnósticos porque falta voluntad política y responsabilidad social de quienes nos gobiernan.

La grave situación en que se encuentra la niñez de México no es resultado de un año o tres de ignorarla: nuestra niñez ha sido desatendida en forma sistemática… aunque adquiere relevancia cuando llega a la mayoría de edad, término codiciado por un engranaje político que arranca en función de votos, no de necesidades.

Hoy es cuando debemos exigir al Estado Mexicano que atienda a las niñas y niños que, hayan pertenecido o no a ‘La Gran Familia’, se encuentran fuera del alcance de políticas públicas no articuladas, pero dentro de un sistema que poco favorece a su desarrollo.



[2] Informe Mundial sobre la Violencia contra los Niños y las Niñas