miércoles, 25 de noviembre de 2015

Para Iván

Iván:

Tú a mí no me conoces, y seguramente, dada tu forma de pensar y opinar sobre las mujeres, tampoco querrías hacerlo. Y confío en que tengas el ánimo y madurez suficientes para leer todas las líneas que por este medio quiero compartir contigo.

Yo tampoco te conozco. Y hace algún tiempo, al escuchar lo poco que de ti conozco a través de uno de tus videos, no sólo no hubiera estado interesada en conocerte, sino que habría hecho todo lo posible por exhibir tus palabras en todos los medios a mi alcance, a modo de escarnio público; lo que, probablemente, hubiera tenido como resultado una respuesta todavía más agresiva.

No. No me interesa exhibirte negativamente. Al contrario: me interesa conocer más de ti.

Me gustaría saber a qué texto te acercaste para informarte sobre el feminismo, si hubo alguna persona que te orientó en las dudas que surgieron de esa lectura y la forma en que las aclaró. Porque, ciertamente, hay un claro error de interpretación sobre lo que crees que es el feminismo; pero, estoy segura, ese error de interpretación es eso: un error.

¿Por qué estoy tan segura de esto? Porque es imposible que una persona que, como tú, que tiene acceso a tecnologías de la información, no se informe amplia y detalladamente sobre sucesos de la historia tan oscuros, tristes y amargos como lo fue el Holocausto. Sin lugar a dudas, sabes el papel que un personaje como Hitler ha tenido en la historia, responsable del asesinato de millones y millones de personas judías, comunistas, homosexuales, con discapacidad física y mental, polacas, y prisioneras de guerra… Sé que sabes que el nivel de intolerancia y atroz violencia se extendió por muchos países, trastocando la vida de millones de familias que fueron, en el mejor de los casos, desmembradas, pues la gran mayoría fueron exterminadas…

Y esto, Iván, nada tiene qué ver con el feminismo. Nada. Nunca ha estado dentro de los postulados del feminismo exterminar a persona alguna; jamás se ha proclamado el exterminio de una sola persona, mucho menos de una raza. Por eso es que resulta del todo erróneo el término feminazi. Es una palabra que ofende a quienes fueron víctima de una etapa oscura de la historia, y ofende y menosprecia la labor que muchas mujeres feministas realizan, día tras día, por valores que el nazismo despreció: la libertad, la vida, la libre manifestación del amor, los derechos ciudadanos, la diversidad, el cuidado del medio ambiente… Porque todo esto, y más, es por lo que las feministas trabajamos cada día…

Me gustaría saber en qué nivel académico te encuentras… Particularmente, me gustaría saber si tu interés por compartir videos obedece a un hobby o lo consideras como una opción profesional (presente o futura). De cualquier forma, estoy segura que eres consciente de que la información, comentarios y opiniones que compartes en una plataforma como YouTube, tienen un éxito garantizado: más de una persona será alcanzada por tus palabras… lo que significa que más de una persona se contagiará de la violencia verbal que utilizas para referirte a las mujeres, feministas o no, lesbianas o no, gordas o no… Porque la forma en que te expresas de nosotras, las mujeres, hiere, ofende y lastima… ¿Acaso es ese el objetivo final de tu video, Iván? ¿Quieres lastimar y hacer daño? Personalmente, dudo que sea tu objetivo…

Si quieres opinar sobre el feminismo, te invito a la lectura de algunos textos, autoras y varones feministas, datos que con gusto compartiré si manifiestas interés.

No hay opinión más responsable y, por tanto, respetada, que aquella bien informada… ¿no crees?

Te saludo cordialmente:


Leticia del Rocío Hernández

sábado, 7 de noviembre de 2015

Estoy aprendiendo...

Hay momentos para crear, analizar, luchar, sonreír, imaginar y lograr. Son esos momentos en que la vida se manifiesta incluso en nuestros silencios; los colores se desbordan en nuestras palabras y la cotidianeidad es una feliz danza de una conjugación infinita del verbo hacer

Hay otros momentos en que la soledad nos abraza, o nos abrazamos a ella; dejamos de buscar colores en el horizonte, y nos conformamos con deleitarnos, calladamente, con el claroscuro que se asoma por debajo de una persiana que no levantamos, por temor a que los rayos del sol inunden nuestros espacios. Son momentos para recordar, para añorar no sólo el alma de quien ya no se materializa en un cuerpo humano, sino también las vivencias de aquellos tiempos que, en comparación con el actual, resultan mejores.

Así es la vida… de hecho, la vivencia de esos momentos es la manifestación más pura de la Vida…

Pero existen otros momentos que antes desconocía, en que las máscaras se caen, dejando ver, en su forma más simple, que las personas en ocasiones pueden no sólo ser falsas, sino también descaradamente malintencionadas. Y lo sabes no sólo cuando cuentas de correo electrónico de tu padre muerto han sido hackeadas, sino también cuando te enteras del (real) proceder de gente (supuestamente) cercana a él, y todas las consecuencias que ese proceder conlleva.

No ha sido fácil, nada fácil, vivir un duelo en condiciones tan adversas… Sin embargo, si bien la alegría ha sido una constante en mi vida, en ella nada ha sido fácil. Supongo que tampoco tendría por qué serlo ahora. Pero, más allá de esto, también vivo agradecida este momento, pues mi padre, después de su muerte, sigue dándome lecciones importantes para mi vida.

Estoy aprendiendo que aquello que con ilusión y esmero pudo construirse, también puede servir para que gente sin escrúpulos se aproveche viviendo de ello, sin mayor aporte que un falso esfuerzo.
Estoy aprendiendo que las personas que se acercan en la abundancia no son necesariamente las que acompañan en la enfermedad, mucho menos en la desesperanza.

Estoy aprendiendo que la mejor ayuda no se traduce en palabras, ni siquiera en divisas, sino en la intención real de procurar el bienestar ajeno, sin esperar nada a cambio, sin pedir nada por ello.
Estoy aprendiendo que mi tiempo vale mucho, muchísimo más de lo que algún día supuse, como para malgastarlo en sentimientos negativos, en repetir errores, en saturar agendas o en recordar viejos amores.

Estoy aprendiendo que lo mejor de mi vida, lo más grande y valioso, está en las miradas de dos hermosos seres que llenan de alegría y fuerza mis mañanas, y que caminan junto a mí allá por donde vaya, como invisibles guardianes de un amor que trasciende fronteras, generaciones, espacios y palabras.

Estoy aprendiendo que lo mejor de la vida de mi padre nadie, absolutamente nadie, podrá tocarlo jamás, pues se ha quedado en las venas de quienes fuimos y somos su motor y su alimento.


Y con ello estoy aprendiendo a vivir. A vivir sin buscar la mirada de mi padre,  a vivir buscándolo en mi corazón.

martes, 15 de septiembre de 2015

Un martes sin mes de cualquier año. Segunda Parte.

Te escribí tanto antes de tu partida… Pero, seguramente por cobardía, lo hice en un espacio que, aunque público, estaba segura que tú no lo leerías. Porque no quería sumarle dolores a tus años, ni tristezas anticipadas a todas esas tardes llenas de nostalgia. Pero tenía qué escribir, tenía qué sacar de mis venas lo que sentía, para que el dolor no se apropiara de mis sonrisas, para que el desánimo no reinara por abajo y por encima de mis sábanas. Como lo hice ayer, hace tantos años… como lo hago hoy, que no encuentro ventana, puerta, pared o piso suficiente para derramar mi llanto.
Tu cuerpo exhaló su último suspiro una mañana alegre del mes de abril. Sí, alegre: a través de la ventana se escuchaba el canto de los pájaros, y se perfilaba un azul clarísimo en el cielo… aunque para mí no fuera suficiente la explosión de vida que la Naturaleza regalaba a mi vista, en estricto honor a la verdad hay qué decir que te fuiste despedido por los ecos y colores de primavera.
Y desde aquella mañana, por mucho que haga todo lo que hago, por mucho que crea en todo lo que creo, esta sensación de soledad que me acompaña noche y día me seca la garganta, me ahoga en mis propias lágrimas… Y cada noche, sin falta, recurro a algún recuerdo que me abrace, que me llene de aliento, o quizá tan sólo de un poco de fuerza para amanecer un día más, para levantar nuevamente la cabeza y decir, cuando salude, un buenos días desde la panza, de esos que parece que quieren arrancarle una sonrisa a la vida…
Hoy te escribo, otra vez, para decirte que hoy me han dado ganas de salir corriendo sin rumbo fijo, como si con eso no sólo olvidara que me dueles, sino que también con mi huida se enderezara lo que está chueco y caminara lo que se ha detenido. Pero nada de eso sucederá, y tampoco saldré corriendo, han sido sólo las ganas… que se traducen en estas letras, en este (¿vano?) intento de exorcizar fantasmas, esos que sólo habitan en mi memoria.
No sé si contigo se fue la última persona que se emocionaba hasta las lágrimas con mis palabras, ni tampoco si tu partida marcó el final de la existencia no sólo de mi padre, sino también de la persona que tenía fe, absoluta y amorosa, en la persona que soy, y que sigue construyéndose cada día; lo que sí sé, es que me haces falta, no sólo para ayudarme a levantar de donde sea que esté detenida, sino también para recordarme que esta vida se vive con coraje, se conquista con amor, y se lucha por ella, segundo a segundo, con una sonrisa en el corazón…
Te quiero, siempre…

Publicado por primera vez en Mujeres Construyendo el 15 de Septiembre de 2015.
  

lunes, 14 de septiembre de 2015

Un martes sin mes de cualquier año. Primera Parte.

Me quedé, con los ojos cerrados, frente a una ventana triste y silenciosa, que veía tu temporal partida sin la solidaridad de mi mirada. 

Y es que duele ver tu figura, otrora gallarda y de andar decidido, hoy sigilosa, indecisa, dolorosa... Pero todo es temporal, has dicho, y retomo tus palabras para repetirlas como mantra, hora tras hora, minuto a minuto, mientras espero que el semáforo cambie de color y cuando apresuro el paso para llegar a tiempo a mi cita.  

Volteo la vista al pasado y abrazo un recuerdo; no lo he olvidado, nunca podría... Y cuando mis ojos regresan a mi presente, quisiera decirte a ti que por favor no te vayas, no ahora, ojalá nunca...
Sin embargo, la vida pasa, y se lleva entre sus manos mis sonrisas, las tuyas y las del pequeño ser que habita en el futuro esperando ser llamado; la vida nos arrebata los momentos, pero nos consuela con la idea de que, quizá. mañana habrán de repetirse. 

Y así podría seguir reflexionando, en esta noche cada vez menos larga, sobre las desafiantes maneras que la vida tiene para recordarnos el breve instante que estaremos aquí, una frente al otro, con apenas tiempo suficiente para decirnos, una vez más, un te quiero...


Publicado por primera vez en Mujeres Construyendo el 03 de marzo de 2015.